El bosque de las ardillas

diciembre 14, 2008 at 12:25 am Deja un comentario

bosqueMás allá del Bois de Boulogne, en la colina de Saint Cloud, se extiende un gran parque de árboles centenarios rodeado de un frondoso bosque habitado por unas curiosas ardillas rojas. En otoño –una de las mejores épocas para visitar París– vale la pena salirse del típico itinerario de la Tullerías o los Jardines de Luxemburgo para disfrutar del espectáculo que ofrece la naturaleza en este lugar, desconocido incluso para muchos parisinos de toda la vida.
Cuando el cielo aún ofrece días claros y temperaturas practicables, solo hay que saltar a la línea 10 del metro o coger en Saint Lazare un cercanías hasta Saint Cloud. En menos de media hora te plantas en uno de los grandes pulmones de la metrópoli. Un parque nacional de 460 hectáreas preñado de historia, tan cerca y tan lejos del ruido urbano. Aquí el tiempo se desacelera. Y los ojos se maravillan ante la extensa gama de rojos, naranjas, amarillos, verdes y tostados que cubren los árboles en esta época.
A primera vista puede parecer un típico jardín francés. Pero no hay que dejarse engañar por esta primera impresión. Los arbustos recortados y alineados y las grandes fuentes de piedra son el único vestigio del antiguo palacio de Saint Cloud. Con una magnífica vista sobre el Sena y París, el edificio construido en el siglo XVI fue pasto de las llamas en 1870, víctima de la guerra franco-prusiana. Antes había vivido grandes días de gloria. Comprado en 1785 por María Antonieta, se erigió en residencia real durante largos períodos. También fue este el escenario en el que Napoleón Bonaparte perpetró el golpe de Estado del 18 de Brumario.
En 1823, Luis XVIII creó un espacio privado para sus sobrinos –bautizado jardín de Trocadero– que hoy es una auténtica joya botánica de estilo inglés. Una majestuosa grulla solitaria se posa a menudo en la orilla del pequeño lago artificial, sobre el que cuelgan las ramas de un enorme abeto. El ave ha decidido ver pasar el tiempo desde este apacible lugar. Después de venir a reproducirse en primavera, sus compañeros los gansos salvajes sobrevuelan el jardín en formación militar antes de iniciar el largo viaje hacia el sur.
Pero ella se queda. Reina todo el año en Trocadero rodeada de múltiples especies de pájaros y las simpáticas ardillas. A veces se las ve cruzar el camino dando pequeños saltitos, ligeras como la pluma pelirroja que parecen llevar en el lugar de la cola. Cuando suben por los gruesos troncos, el ruido de los humanos las asusta y se quedan paralizadas como estatuas. Andan atareadas acaparando provisiones para pasar el invierno en sus madrigueras. No tienen que ir muy lejos. El suelo está cubierto de hojas multicolores y de castañas, peligrosos proyectiles si caen de las ramas más altas de los poderosos marroniers, nombre que reciben aquí los castaños.
Son el emblema de la región. En el parque de Saint Cloud cubren buena parte de la zona boscosa, que se extiende hasta las puertas de Versalles. Un antiguo dominio de caza donde se respira el olor a setas y hojarasca húmeda del otoño a tan solo tres kilómetros de París. Un lujo.

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